Sarpullidos en libre circulación

Definido brevemente, un sarpullido  es una erupción leve y pasajera en el cutis formada por muchos granitos o ronchas. Lo aparente es un área en la piel que está irritada o inflamada y suele estar enrojecida, tener picazón, bultos, escamas, costras o ampollas. Sin embargo, el sarpullido es un síntoma de muchos cuadros clínicos diferentes y los factores causantes incluyen enfermedades, sustancias irritantes, alergias o la constitución genética individual.

Con la percepción social ocurre lo mismo, un constante ir y venir de erupciones más o menos duraderas que terminan por perderse en el tiempo, o en el siguiente sarpullido, sin haber llegado, la mayor parte de las veces, a ser descubierta y analizada su causa.

Bajo la etiqueta de trending topic, y a menudo en forma de vídeos, las «redes sociales» se desgañitan y rasgan las vestiduras en un constante re-clamar que agota. Lo de la educación de medios, mejor dicho lo de la educación, a secas, sigue siendo una asignatura pendiente.

El caso del vídeo sobre los niños soldados es uno de tantos, pero con algunas particularidades mercantilistas hábilmente cinematografiadas:

El vídeo cuenta desde una perspectiva beatífica e ideal cómo un grupo de trabajadores del primer mundo ha orquestado una campaña para que todo el mundo ponga cara a uno de los personajes más deleznables de nuestra raza. La idea es sencilla: una vez la gente sepa quién es el malo será fácil conseguir que los gobiernos actúen contra él.

[…] En estos días han surgido críticas sobre la perspectiva salvífica del autor blanco sobre el pobre joven negro, sobre el hecho de que haya montado una gran empresa y no una ONG o sobre la autopublicidad que se hace durante todo el metraje bajo la excusa de visibilizar un problema. Todo eso y mucho más.

Ignoramos cuales han sido los beneficios obtenidos tras los millones de visionados de este «sarpullido», pero lo que sí nos llama la atención es su utilización, a modo de ejemplo, sobre los cambios en la comunicación gracias a Internet: «Un caso perfecto de contenido dirigido a un público masivo que lo multiplica en un espacio muy corto de tiempo eliminando a los medios de comunicación de la ecuación. El cambio en el esquema comunicativo es tan profundo que contradice teorías que llevan enseñándose en las facultades de periodismo desde hace décadas».

Sin entrar en el tema del vídeo (aunque sobre la proliferación de “causas” hay mucho que decir), lo que molesta en el artículo es la nostálgica manipulación con la que, aprovechando el ejemplo, se arremete contra lo que hace competencia sin cuestionarse si, tanto lo de antes como lo de ahora, debería ser revisado en sus conceptos básicos: libertad y educación. Sin embargo la argumentación se centra en que:

– Los “medios de comunicación” ya no marcan la agenda social. El proceso ahora se invierte: Cuando Internet lo hace famoso los “medios” se hacen eco de la noticia.

– Lo noticiable ya no ese decide desde las atalayas. Y duele.

– Antes “los medios” no sólo elegían a qué temas se debía dar importancia sino que se le decía a la audiencia “qué debe pensar del trozo de realidad que le muestran”. Y por ahí van las críticas.

– Es el fin de la espiral del silencio en la que la mayoría entierra la voz y necesidades de las minorías, y las “redes sociales” tienen la culpa. Por eso “los medios” intentan adueñarse ahora de esta tendencia que les roba el protagonismo.

– Hay que adueñarse como sea de estas “nuevas ágoras sociales que han crecido a espaldas de los medios”.

Libertad y educación son dos condiciones necesarias, antes y ahora. Cierto que la primera sin la segunda a menudo produce efectos poco deseables, o cuando menos confusión, pero también es cierto que sin libertad, nada es posible. La profesionalidad a la que alude al autor del artículo se ve ciertamente dañada con el lamento del párrafo final:

¿Qué queda, entonces? Algo que no cumple con los valores-noticia puede ser noticia. Algo que no ha creado un medio de comunicación puede ser noticia. Algo vacío de contenido puede ser noticia. Algo surgido de un discurso minoritario puede ser noticia. Y todo ello con un lenguaje que poco tiene que ver con el lenguaje periodístico o comunicativo que se conocía hasta ahora. La comunicación ha muerto. Al menos en la forma en la que la conocíamos.

Todos recordamos aquello del código, canal, emisor y receptor, pero ahora no vale lo del consumo pasivo. Incluso tampoco es suficiente con la conversación. La explicación es otra. Y tiene nombre, se llamadesintermediaciónpersonalización del consumo. Puede que la sociedad ande un poco perdida a veces, pero el ensayo y error no es sólo un método de laboratorio.

Publicación original: enimaXes

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About Isabel Iglesias

Socia-directora en I.G. Documenntación y productora de Máscaras. Consultora especializada en el análisis estratégico, diseño y dinamización de proyectos. Investigadora de nuevas realidades, alérgica a los tópicos, bloguera...

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