Decía María de Maeztu

«Ante mí surgen un cúmulo de empresas, un cúmulo de proyectos que he de realizar. No puedo quedar pasiva ante el mundo, ante sus desfallecimientos y fracasos. No puedo permanecer indiferente. No puedo elegir entre la acción y la contemplación»

Para quienes nos movemos en este arco iris de percepción interna, la búsqueda del equilibrio se convierte en un objetivo primordial, pero empiezo a entender que no se trata de elegir, algo imposible si forma parte de ti, sino de recolocar.

En mi caso, el exceso de reflexión me paraliza, pero una actividad permanente me bloquea. Se trata pues de diferenciar y aprovechar los entornos y personas con las que reflexionar me hace crecer para ser capaz de transformar esa fuerza creadora donde se necesita dinamizar.

Aunque suelo hacer mío el lema «no somos lo que decimos, somos lo que hacemos», creo que ambas cosas son posibles si tenemos claro dónde hay que decir y dónde hay que hacer.

Publicación original: enPalabras

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