A dónde vamos, de dónde venimos

Cuando te centras en objetivos y/o dificultades concretas, el entorno en el que habías colocado el marco temporal de referencia termina por desdibujarse.

Y es un proceso necesario para evitar la dispersión (reverso ingrato de la Curiosidad) pero, sumando la parte utópica inherente a toda planificación y la inestimable visita de Murphy, el cierre de una etapa implica volver de nuevo al punto de partida, al proceso de in-formación.

Así que, cumplidos los compromisos, y dejando para un poco más adelante la revisión de mi innata tendencia a asumir retos complejos, toca dirigir nuevamente la vista al horizonte para oxigenar la mente y poder formar opinión en temas clave. Hay que posicionarme y tomar decisiones.

¿Por qué hablamos y hablamos de innovación? ¿Porque no conseguimos pasar del «hay qué» al «cómo»?. Atrapados en la sombra del gatopardismo hemos cambiado algo para que nada cambie, como pude comprobar ayer en la conferencia sugerida por Gonzalo en su post Stiglitz sobre las patentes: no sirven. Efectivamente aunque fue en 2007, resulta de triste actualidad.

A pesar de las trabas de mi falta de uso del inglés (otra de mis asignaturas pendientes), me ha quedado clara la argumentación de por qué el sistema de patentes, y el de propiedad intelectual, no proporciona los incentivos necesarios para el desarrollo y que el poder de los monopolios implica lo contrario, disminución del bienestar social y lo que es peor, incentivos para restringir el uso del conocimiento.

No sólo no es invencible la mano invisible del mercado, sino que no existe. Stiglitz explica por qué la innovación no es una cuestión de precio sino una cuestión de recursos y que se patentan cosas que todo el mundo conoce… menos los examinadores de patentes. Se pregunta también ¿cómo se define lo que es un pedazo de propiedad intelectual?

Con todo, y como siempre, lo obvio es lo mejor, así que me quedo con una afirmación: El conocimiento es la parte MÁS importante de la producción del conocimiento.

Y para eso, el conocimiento debe estar en las personas, en el dominio público, en la democracia económica. Y a todo esto también me llevó Gonzalo cuando, hablando de cooperación, me recomendó darme una vuelta por La Sociedad de las Indias Electrónicas. ¿Una vuelta? Ya me estoy preguntando si yo, empresaria, trabajo en una empresa cuyas ideas comparto.

Miedo me doy!

Publicación original: enPalabras

Compartir

One Comment

  1. Pingback: ¿Quién reparte cartas? | IG

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.