Breve intensidad

Michael Nyman fue el aliciente extra del concierto de Reyes patrocinado por la Fundación Barrrié. Para sorpresa del propio Nyman, las entradas se agotaron en 18 minutos.

Y digo extra porque en Coruña siempre existió una gran afición que ayudó a consolidar la controvertida creación, hace casi dos décadas, de la Orquesta Sinfonica de Galicia. Hoy en día, y desde hace tiempo, es una de las agrupaciones orquestales con importante proyección y reconocimiento, tanto a nivel estatal como en circuitos internacionales.

Sin duda su creación tuvo más que ver el histrionismo de nuestro alcaldísimo que con una auténtica visión estratégica en lo que a cultura se refiere, pero lo cierto es que cuajó y va a más.

Ayer, con el Palacio de la Opera a rebosar, con un público tan heterogéneo y variopinto, que en la calle ni se saludaría, vibrando con la impresionante percusión de la pieza inicial, yo pensaba en los señores de la cultura, en la necesidad de buscar nuevas fórmulas, en la cuestión de fondo de la propiedad intelectual, en cómo contribuir a la formación ciudadana para poder llegar a un debate necesario.

Aunque con el pesimismo cansancio de quien lleva mucho tiempo diciendo y explicando, propone Gonzalo Martín la realización de consulta pública, Y hace su propuesta sobre las preguntas que deberían formularse a una ciudadanía que suele definirse por un interés social de menor profundidad pero mayor calado, a juzgar por los niveles de audiencia. De ahí su pesimismo.

Pide opinión de quienes lo leen leemos, así que, una vez más, el señor Martín me obliga a pensar mucho. Por eso ayer, durante el concierto, se me venían a la cabeza estas cuestiones sobre las que tengo mas claridad intuitiva que datos ordenados. Son tantos los desagisaos que nos amenazan que cuesta llegar al origen para empezar a cimentar.

Tal vez este asunto, en el que la Ley Sinde no es sino el último desacorde, es demasiado complejo para la consulta popular que propone. Sobre todo si el procedimiento de selección de «un grupo de personas de probada independencia y suficiente cualificación» se hace por designación por parte de los poderes públicos establecidos. Tal vez debamos antes empezar por educar para la participación ciudadana. Porque si a nuestra particular princesa del pueblo se le ocurre decir algo en favor de los señores de la cultura, ya la hemos armado.

Diría que primero hay que convencer a la ciudadanía, y me refiero a esa gran parte que podría pronunciarse y no ve más pantalla que la de la TV, de que su opinión es no sólo importante sino necesaria. El primer objetivo es parar las actuaciones gubernamentales, lo suficiente como para desarrollar un verdadero proceso de in-formación 1.0, llevando a la calle el discurso de blogs y redes. Las argumentaciones ahora son tan elitistas que en una consulta popular estarían destinadas al fracaso. Y es algo que la sociedad no se puede permitir, aunque una gran parte todavía no lo sepa.

Supongo que el no ser experta en los términos del debate me permite dirigir la mirada hacia arriba y hacia abajo (en sentido figurado). Es decir, me obliga a elevar el nivel para entender el fondo y alcance de la cuestión y me empuja a transmitir, con mi lenguaje no experto, ese mensaje a personas que ni saben que este debate existe.

En estas cosas pensaba ayer, mientras disfrutaba del magnífico, aunque demasiado corto, mano a mano Sinfónica-Nyman. Controvertido Michel Nyman, que todo el mundo identifica con El Piano (cuya angustiosa atmósfera me desagradó en extremo), y a mi lo que se me viene a la cabeza es la banda de Ravenous. Luego me quejo cuando me etiquetan como políticamente incorrecta.

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