¿Puedes pagar 800.000 dólares?

El precio del “perdón social”

Decir que algo cuesta un riñón no es nuevo pero ahora, con la expresión normalizada, ya tenemos un buen ejemplo de sus opciones de valor y cambio.

Lo que costaba “al contribuyente” el tratamiento de diálisis de Jamie Scott fue mejor argumento que la acción social, que exigía desde hace años la revisión de la desmedida sentencia de cadena perpetua que cumplían las hermanas Scott. Pero, eso sí, está prohibido el mercadeo con órganos.

La burocracia estatal acelera el ritmo a la búsqueda de fórmulas recaudatorias permitiendo parches donde nunca se buscaron soluciones. Es tal la hipocresía del engranaje que resulta cada vez más difícil encontrar un punto de cordura. Es el divide y vencerás, la ciudadanía contra la ciudadanía.

Lo institucional gusta de ambigüedades, de abstracciones, de redobles de tambor: salud, cultura, igualdad… Se instrumentan campañas millonarias de sensibilización para hacer saltar las alarmas que justificarán la inmediata regulación y medidas recaudatorias. Se exige en lo privado lo que en lo público no se cumple.

Nos hemos dejado convencer de la necesidad de tutela que publicita lo políticamente correcto mientras chantajea o mata al mensajero. Estamos tan ocupados que se nos va olvidando que era eso dela facultad natural de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que somos responsables de nuestros actos”.

Pero no hay de qué preocuparse. Una vez más, en el horno está la solución, que saldrá con “el máximo consenso y la máxima participación“. Con la nueva Ley de Igualdad de Trato al fin tendremos “una sociedad que no humille a nadie”, nos cuenta la ministra (¡esa ministra!). En medio de la nueva dosis de surrealismo que se nos viene encima, dos puntos especialmente preocupantes:

– Ante “indicios de discriminación” la ley que prepara el Gobierno establece que será el demandado quien tenga que probar que actuó bien y que su conducta no quebró el principio de igualdad.

– Una Autoridad Estatal para la Igualdad de Trato hará labores de mediación y conciliación entre los afectados por la discriminación y los acusados de haberla ejercido

A mi lo que me recuerda esto es aquello de todo acto voluntario de pensamiento, palabra, obra u omisión. Creo que el problema está en que también hemos olvidado manipulado la palabra discriminar que, “fuera de todo contexto, también significa la capacidad para identificar las cualidades y reconocer las diferencias entre las cosas, objetos, animales o personas, actividad propia del proceso mental“. Veremos que futuro nos depara lo que vaya diciendo el manual.

Entretanto, como vamos teniendo una idea de lo que vale un riñón, igual es cuestión de ir actualizando los informes médicos por si la hipoteca necesita un refuerzo. Cuestión de oferta y demanda.

Publicación original: enPalabras

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About Isabel Iglesias

Socia-directora en I.G. Documenntación y productora de Máscaras. Consultora especializada en el análisis estratégico, diseño y dinamización de proyectos. Investigadora de nuevas realidades, alérgica a los tópicos, bloguera...

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