Boardwalk Empire: ¿por qué (no me) entusiasma?

¿Siempre fue así pero al menos hicieron cosas…?

La explicación a las buenas críticas y altos niveles de audiencia de Boardwalk Empire parecen deberse al estilo visual, la fidelidad histórica y la interpretación del protagonista. Aún dando por válidas estas razones, me pregunto sin son suficientes para tanto éxito. Y tampoco creo que sirvan de clave a la HBO en cuanto a replicar la experiencia, en caso de que los beneficios hayan sido proporcionales a la fama, claro.

El trabajo de Buscemi me ha gustado, pero sobre la fidelidad histórica no puedo, ni quiero, opinar. Reconozco que no tengo interés suficiente en el personaje, hay otros que aportarían más, aunque tal vez se deba a la carencia de perspectiva o intencionalidad. Pero lo que se me atraganta es lo del “estilo visual”. ¿Qué quiere(n) decir exactamente?

Teniendo en cuenta la millonaria factura del episodio piloto y quién lo dirigió, esperaba mucho más. Tras los doce capítulos de la primera temporada, tengo claro que no es de las que me enamoran.

Mi impresión es de que va como a saltos, como si al exceso de tramas, a modo de sub-episodios, les faltara tratamiento global y tiempo de edición. Yo lo llamo déficit narrativo, algo fundamental en un producto audiovisual, ¿no?

Incluso me resulta cuestionable el derroche de medios para reproducir los más de 90 metros del paseo de Atlantic City cuyas cifras, en plena era de lo virtual, me parecen un exceso con sus 150 toneladas de acero y la reconstrucción fidedigna de hasta el más mínimo detalle. Quizá soy la excepción y el resto, la mayoría, sí aprecian tanta virtuosidad.

Espero que, al menos, el desglose de tan alto presupuesto se repartiera como es debido entre las más de 300 personas que estuvieron detrás de las cámaras, los 225 actores con papeles destacados y más de mil extras. Visto así, tampoco es de extrañar que la producción se prolongara más del doble que la media para una serie de televisión.

Aunque tal vez sea que ya (me) aburren las pretenciosas historias de los americanos contada por ellos mismos, con deliciosas excepciones, o porque esta forma de contar la Historia al estilo telenovela no me va. O puede que las corrupciones del pasado, con tanto ejemplo actualizado que nos tiene sumidos en esta crisis de deuda de los estados, no me interesan ni como antecedente. Porque, ¿qué hay de extraordinario en la vulgaridad del personaje retratado? ¿O es que lleva mensaje de fondo?: “Siempre fue así pero al menos hicieron cosas…”

Realidad o ficción, el éxito de las historias de villanos es indudable, pero todavía hay clases. Y profesionales sobran, ¿qué es lo que falla?

Publicación original: enPalabras

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About Isabel Iglesias

Socia-directora en I.G. Documenntación y productora de Máscaras. Consultora especializada en el análisis estratégico, diseño y dinamización de proyectos. Investigadora de nuevas realidades, alérgica a los tópicos, bloguera...

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