Prohibiciones y leyendas

… no trabajar?

Las pintadas, y sus mensajes, a veces son auténticas perlas, pero el fondo de la que figura en la foto reconozco que me supera: ¡PROYBYDO NO TRABAJAR. No consigo entender el mensaje.

Aparentemente, tal y como están las cosas, no hay nada de original en el tema ni en las palabras elegidas, salvo el marketing en el “proybydo” (hay que reconocer que duele) pero la introducción del “no” lo cambia todo, aunque cuando hice la foto no pensé tanto.

Ayer, mientras conducía y escuchaba a los radiofónicos tertulianos divagando, me dio por pensar en cómo va cambiando el lenguaje de una sociedad en función de las circunstancias y como hay canciones y palabras que vuelven a primera línea cobrando inusitado protagonismo. Es el caso de re-cortar. Y entonces me acordé de la pintada.

Al verla de nuevo en la foto, e intentando descifrar su intencionalidad, volví a pensar en la eterna confusión terminológica entre las palabras ocupación-profesión-empleo-trabajo-salario, pero sigo sin llegar a conclusiones.

Porque, antes y ahora, hay personas ocupadas, con o sin profesión definida, que pueden o no trabajar independientemente de que tengan un salario. Y también las hay que están empleadas y aún trabajando mucho no cobran su salario. O las que sin pegar palo cobran lo que no está escrito, incluso sin tener oficio ni ocupación definida, pero tienen un empleo. Ya, un trabalenguas conceptual.

Dudo que la intención fuera reivindicar el proclamado “derecho al trabajo” (sigo pensando que nadie impide trabajar, otra cosa es recibir dinero a cambio) parece más bien un grito contra la generalizada tendencia al escaqueo que tan poco nos ha importado hasta ahora. Es decir:

“Oiga usted, a vaguear a otra parte que somos muchos los que estamos dispuestos a arrimar el hombro para levantar el país. Deje de consumir nuestros (escasos) recursos y no estorbe”.

Teniendo en cuenta que la interpretación es tan libre como la intención de quien la escribió, yo me quedo con esta última y la enlazo a la fiebre discursiva de teorizar con el relato en busca de nuevos mitos que debemos construir con buenas narraciones empresariales

De la crisis no saldremos repitiendo a diestro y siniestro lo mal que está todo y lo dura que es. Saldremos mediante una movilización responsable, que requiere polos de atracción. Y uno de estos polos de atracción es sin duda la difusión de buenas historias empresariales

No parece haber mucha innovación en esta necesidad de aferrarse a los mitos, es algo sobre lo que conversaba no hace mucho:

Las civilizaciones han postulado su origen y su fin como un mito de destrucción, contrapuesto al de la creación, en un marco cuyo eterno eje es el retorno. Parece que los períodos de destrucción y creación serían las dos únicas alternativas del universo (eso anunciaban constantemente los oráculos sibilinos en Roma). De hecho, la palabra griega apocalipsis se traduce como destrucción, pero también como revelación. El mensaje final vendría a ser el mensaje de un nuevo tiempo.

Y no seré yo quien desvalorice la potencia del relato, más bien todo lo contrario, pero en el punto en que estamos hay que dejarse de monsergas y empezar por traer a primera línea algo que repito constantemente: que la radiografía de nuestro tejido económico siempre ha sido la de más de un 80% de empresas que no pasan de dos personas en plantilla.

Decididamente me gusta la pintada. Prohibido divagar y PROYBYDO NO TRABAJAR.

Publicación original: enPalabras

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About Isabel Iglesias

Socia-directora en I.G. Documenntación y productora de Máscaras. Consultora especializada en el análisis estratégico, diseño y dinamización de proyectos. Investigadora de nuevas realidades, alérgica a los tópicos, bloguera...

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