Si un concepto necesita muchas definiciones quiere decir que su significado no es claro y dificulta su aplicación. Eso es lo que plantea José A. Marina respecto a la inclusión del término «competencias» aplicado a la educación.

En su artículo hace este breve repaso por la historia del concepto hasta su triunfo y asentamiento en el mundo del Management empresarial

Noam Chomsky popularizó la distinción entre “competencia” y “actuación” (performance) lingüísticas.

  • La competencia en un idioma es el conjunto de posibilidades que un hablante tiene (CHOMSKY, 1998).
  • La actuación son las posibilidades que ejercita realmente.
  • David McClelland, un gran psicólogo llamado con razón “padre de las competencias”, traspasó este concepto al campo laboral, donde triunfó. En 1973 escribió un artículo que causó sensación: “Testing for Competence rather than for Intelligence”. Le interesaba saber cómo definir las características que debe tener una persona para desempeñar bien un trabajo.
  • La idea triunfó y en el mundo del Management empresarial se impuso la “gestión por competencias”. Para seleccionar a una persona para un puesto es preciso definir el “perfil” de ese puesto y fijar las competencias que debe tener para desempeñarlo.

El enfoque de la argumentación que desarrolla en el artículo necesitaría una perspectiva más amplia pero es cierto que desde el punto de vista didáctico es un concepto demasiado amplio

 “El concepto de “competencia” representa  una “capacidad de movilizar varios recursos cognitivos para hacer frente a un tipo de situaciones (Perrenoud)

Y a raíz de esta definición diferencia cuatro aspectos:

  1. Las competencias no son en sí mismas conocimientos, habilidades o actitudes, aunque movilizan, integran, orquestan tales recursos.
  2. Esta movilización sólo resulta pertinente en situación y cada situación es única, aunque se la pueda tratar por analogía con otras, ya conocidas.
  3. El ejercicio de la competencia pasa por operaciones mentales complejas, sostenidas por esquemas de pensamiento, los cuales permiten determinar (de un modo más o menos consciente y rápido) y realizar (de un modo más o menos eficaz) una acción relativamente adaptada a la situación.
  4. Las competencias profesionales se adquieren mediante formación, pero también mediante la experiencia en una concreta situación de trabajo. (Perrenoud, 2004).
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