
Hay ideas que no se contradicen: se necesitan
Yasunari Kawabata sabía que el silencio no es una ausencia de historia, sino una forma más profunda del lenguaje, inscrita en un código que no siempre se deja leer. No se trata de hablar o callar, sino de abrir algo entre ambos, un espacio donde lo que importa no es lo dicho, sino lo que se sostiene.
Jorge Wagensberg, en cambio, recurría a una ironía que parece moverse en dirección contraria: “la palabra silencio se inventó en una escuela”. Allí, el silencio no es profundidad, sino herramienta. No revela, ordena. No sugiere, disciplina.
Pasadas por el filtro contemporáneo —ese gusto por reducirlo todo a posiciones enfrentadas— ambas ideas parecen incompatibles. Como si una defendiera el silencio como expresión y la otra como imposición. Como si hubiera que elegir.
Pero es que el problema no está en las ideas, sino en la forma en que las usamos
Porque entre el silencio que revela y el silencio que ordena no hay oposición, sino continuidad. Uno no anula al otro: lo hace posible. El silencio que se impone genera las condiciones para que, en algún lugar, aparezca el silencio que significa. Y, a la inversa, el silencio cargado de sentido puede ser también la forma más eficaz de sostener un orden sin necesidad de explicitarlo.
Ahí es donde el silencio deja de ser un estado y pasa a ser una estructura.
No habla de ausencia, sino de distribución. De quién puede llenar ese espacio y quién debe respetarlo. De cuándo el silencio protege algo y cuándo lo oculta. De cuándo es refugio y cuándo es frontera.
Y quizá por eso resulta tan difícil de interpretar: porque el silencio nunca es solo silencio. Es lenguaje, sí. Pero también es contexto. Es memoria. Es acuerdo. Es miedo. Es estrategia.
Y, sobre todo, es un lugar…
Un lugar incómodo, porque obliga a sostener lo que no está resuelto.
Un lugar fértil, porque ahí es donde empiezan —o terminan— casi todas las cosas.
Personalmente me quedo con los inicios, me gustan las grietas que se revelan contra las cárceles. Me gusta ir tejiendo palabras y silencios en forma de conversación. Porque como también decía Wagensberg: Conversar es una buena idea porque, en general, no ignoramos lo mismo.
Publicación original: enPalabras