Anotaciones IA: Aprender aquello que ya era importante antes de que existiera

Hablamos mucho de acceso a la inteligencia artificial. De quién la utiliza, quién no, quién sabe manejarla, qué profesiones la incorporarán antes o qué formación necesitaremos para aprender a trabajar con ella. Pero quizá haya otra brecha menos visible.

Dos personas pueden tener acceso a la misma herramienta, conocer razonablemente su funcionamiento y obtener resultados radicalmente distintos. No necesariamente porque una domine mejores prompts (instrucciones), sino porque llegan hasta la herramienta con capacidades diferentes:

Saber preguntar. Observar. Relacionar información. Contrastar. Distinguir un dato de una interpretación. Detectar contradicciones. Percibir lo que falta. Formular una hipótesis y estar dispuesto a descartarla cuando los datos no la sostienen.

Ninguna de estas capacidades nació con la inteligencia artificial pero la IA puede, sin embargo, multiplicar brutalmente su rendimiento.

Quien sabe formular una buena pregunta puede explorarla desde perspectivas que antes habrían requerido mucho más tiempo. Quien sabe relacionar información dispone de una herramienta extraordinaria para buscar conexiones. Quien tiene el hábito de contrastar puede ampliar enormemente el campo sobre el que hacerlo.

Pero la operación también puede funcionar en sentido contrario…

Una herramienta capaz de producir respuestas convincentes puede reforzar una pregunta mal planteada. Puede desarrollar impecablemente una premisa equivocada. Puede proporcionar argumentos a quien solo buscaba confirmación. Y puede crear una sensación de conocimiento mucho mayor que el conocimiento realmente adquirido.

Una variable incómoda

Quizá estemos hablando demasiado de acceso a la IA y todavía demasiado poco de capacidad para convertirla en una herramienta de pensamiento.

Durante años hemos aprendido a pensar las brechas tecnológicas en términos de acceso, uso y competencia. La inteligencia artificial añade una variable incómoda: podemos compartir herramienta y competencia técnica sin compartir las capacidades necesarias para aprovecharla críticamente.

Esto cambia también algunas preguntas sobre formación. Aprender a utilizar inteligencia artificial será importante.

Pero probablemente siga siendo todavía más importante aprender aquello que ya era importante antes de que existiera: preguntar, observar, contrastar, relacionar, interpretar.

La tecnología ha cambiado, pero en el recuento de las competencias a adquirir, curiosamente, algunas de las capacidades que necesitaremos para aprovecharla son muy antiguas.

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