La libertad de tu puño acaba donde empieza mi nariz

Y viceversa

El concepto de libertad parece tener problemas de definición y de conjugación de tiempos verbales: ser/estar, yo/nosotros, nosotros/ellos…

A pesar de lo filosófica que puedo llegar a ser, por suerte una innata tendencia a la acción me redime. Eso, y un cierto afán detectivesco de racionalidad práctica y emocionante que, intuye, husmea, busca información, induce, deduce, y a veces, hasta consigue seducir.

Todos los movimientos sociales responden a una necesidad sentida por mucha gente, pero esta necesidad común resulta estéril si no se cristaliza en alguna forma de organización que unifique energías dispersas.

Las sociedades y sus movimientos son consecuencia de la interacción entre inteligencias individuales y, a la vista está, no siempre con los mismos resultados. ¿Inteligencia social, tal vez? ¿Una amenaza o una esperanza? Sí, es necesario el debate pero para eso hace falta “educar”, sobre todo en estos tiempos de “ponga un debate en su vida” y tertulias de pacotilla en la que todo el mundo vence y nadie convence.

Debatir es necesario, pero no suficiente. Ante todo porque para delimitar posiciones debemos tener claro el marco y qué es lo que se está debatiendo. Pero también porque para que las argumentaciones no se conviertan en falacias se necesitan, con toda probabilidad, menos palabras y más contexto.

Antes de gritar hace falta mucha reflexión, mucho tiempo y esfuerzo, algo que habría que exigir a quienes ostentan la responsabilidad de dirigir un país. No se les puede permitir otra cosa. No nos lo podemos permitir.

Sin embargo, el debate sobre las necesidades de cambio se mezcla con el de la libertad de expresión, que sin duda es un derecho incuestionable, aunque a veces no guste lo que se oye. Pero, ¿es libertad de expresión el ruido planificado, y estratégicamente dosificado, con el que desde algunos ámbitos se intenta fomentar la sordera social en la que no caben razones ni planteamientos?

Entiendo este enconamiento en las posturas entre los derechos adquiridos y la realidad de las nuevas necesidades, pero hay una cuestión de fondo importante que considerar, ya que se están discutiendo derechos individuales (o de colectivos delimitados y hasta ahora favorecidos) contra un bien y una necesidad social. No es comparable.

Las manos, abiertas o cerradas, en los bolsillos. O en los teclados. Menos puños y más neuronas.

Publicación original: enPalabras

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About Isabel Iglesias

Socia-directora en I.G. Documenntación y productora de Máscaras. Consultora especializada en el análisis estratégico, diseño y dinamización de proyectos. Investigadora de nuevas realidades, alérgica a los tópicos, bloguera...

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