Tú ya me entiendes

«Verdad es que nuestro país no es de aquellos que se conocen a primera ni segunda vista«, dice don Mariano en su célebre Vuelva usted mañana.

Casi 200 años después, incluso con los avances tecnológicos de los últimos años, la indolencia de la que hablaba Larra sigue tan arraigada en el imaginario colectivo que nos aferramos a los viejos mensajes, aunque el contexto no tenga nada que ver.

La recién modernizada oficina de correos en que hice la foto tiene todos los adelantos, técnicos y estéticos, que cabe esperar. Bueno, casi todos, puesto que las personas que trabajan allí tuvieron que recurrir al delicioso arcaísmo del cartel para evitar que hiciéramos cola en aquella parte del mostrador. Es decir, un sencillo mecanismo que nos ahorró tiempo y frustrantes explicaciones a los de dentro y a los de fuera.

Hace un tiempo hubiera(mos) pensado que era la hora del café, pero el disciplinado silencio con el que nos dispusimos a sufrir la larga cola (única opción disponible) parece indicar que para cambiar la arraigada percepción de “pereza” lo que hacía falta era la crudeza de la aplastante realidad: los recortes de personal.

No hay mucho que innovar en ciertos asuntos, las ideas simples y potentes, como la de la «ventanilla», funcionan. Y ya sabemos que a buen entendedor…

Claro que todo esto ocurre en un momento en el que necesitamos ser productivos y contener el gasto (que no es lo mismo que meter la tijera), pero nadie parece pensar que las nóminas eliminadas implican más gasto, mal llamado social, y que el valor del tiempo de los que tenemos que «gestionar» nuestras empresas y nuestras vidas tiende irremediablemente a cero.

Pero pensar en las causas, o que estas son demasiado complicadas para poder actuar sobre ellas, vende poco. Pero eso también lo decía Don Mariano:

Muchas veces la falta de una causa determinante en las cosas nos hace creer que debe de haberlas profundas para mantenerlas al abrigo de nuestra penetración. Tal es el orgullo del hombre, que más quiere declarar en alta voz que las cosas son incomprensibles cuando no las comprende él, que confesar que el ignorarlas puede depender de su torpeza.

Los viejos códigos pueden ser tan efectivos como peligrosos. Y ni siquiera me preguntaron por qué hacía la foto.

Publicación original: enPalabras

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