Anotaciones para nuevas realidades (XXI): ¿economía colaborativa desbocada?

De repente, en una economía que nos lanza contra la inseguridad extrema, cada cual debe buscarse la vida. ¿Y qué tiene a mano? Ciertos recursos ociosos que podría explotar mejor si accediera a información que le dijera quién los puede necesitar y estaría dispuesto a pagar por ellos. ¿La conclusión? Economía colaborativa desbocada. Pero no tanto a través de una idea altruista sino de pura necesidad personal. (Julen Iturbe)

¿Escapada hacia adelante o nueva burbuja? Julen Iturbe le va poniendo nombre: Economía colaborativa = capitalismo extremo

En la segunda mitad del siglo XX se apostaba por la estructura económica de lo macro: la gran empresa y la concentración serían el escenario económico del fin de siglo. Tras los desastres de la crisis de los setenta, el tejido empresarial occidental se aplicó en disminuir el tamaño medio de las empresas y empezó a aumentar de forma relevante el peso de las pequeñas y medianas organizaciones.

A partir de ese momento, políticos, técnicos y académicos empezaron a mirar hacia el proceso de creación de empresas con la «supuesta y loable» intención de conseguir medios locales con tejidos empresariales capaces de resistir la crisis y generar desarrollo endógeno. ¿El objetivo?: crear puestos de trabajo y constituir “estructuras competitivas” en el nuevo entorno global.

Las sucesivas crisis demostraron que la realidad es demasiado compleja porque el aumento de pymes no implica reparto de poder, más bien todo lo contrario, como nos ha venido a demostrar la situación actual. De hecho, la necesidad de “aligeramiento de costes” de las grandes corporaciones ha sido la disculpa perfecta para desentenderse de la sociedades de las que se alimentan. Una superficial mirada comparativa hacia atrás demuestra que no hay demasiada originalidad en la tipología de los errores.

IMG-20140905-06419La supervivencia es puro instinto pero la explicación que nos damos no lo es. Porque poder elegir y saber que querríamos elegir son cosas diferentes. No parece que, ni como personas ni como sociedad, nos estemos planteando con honestidad qué preferimos:

  • ¿Un modelo económico con alta o baja densidad empresarial?
  • Muchos nacimientos con altas tasas de fracaso y pocos nacimientos con altas tasas de supervivencia?
  • ¿Sectores dinámicos con altas tasas de renovación interna o empresas que se perpetúan con escasas renovaciones?
  • ¿Una “empresarialidad” extendida en amplios sectores de la población que genera muchas empresas marginales o una empresarialidad limitada a segmentos de población más reducidos pero que genera empresas con gran capacidad de crecimiento y generación de empleo?
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About Isabel Iglesias

Socia-directora en I.G. Documenntación y productora de Máscaras. Consultora especializada en el análisis estratégico, diseño y dinamización de proyectos. Investigadora de nuevas realidades, alérgica a los tópicos, bloguera...

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